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"LA BARQUILLERA"
 
 
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EL ÁMBAR
 
 
Colgantes de ámbar
 
Colores del ámbar
 
Colares de ámbar
 
Hormiga atrapada en ámbar
 
Pulsera de ámbar
 
Escaparate con ámbar
 
Ciempies en ámbar
 
     


(Resina fósil)

Hace muchos millones de años existían en algunos lugares unos fabulosos bosques de gigantescas coníferas que segregaban una resina, la cual, si las condiciones del entorno eran extremadamente favorables durante milenios, llegaba a fosilizarse, dando lugar al ámbar.

Este origen orgánico ha provocado que el ámbar, frecuentemente, incluya en su interior partículas de polen, hojitas vegetales e incluso pequeños insectos que quedaron atrapados por la viscosidad de aquella aromática resina.

Se caracteriza el ámbar por su gran ligereza, que le permite en ocasiones flotar en agua salada, así como por su escasa conductividad térmica, lo que hace que resulte cálido al tacto. Y si se quema, despide un fuerte olor, parecido al del incienso. De ahí el origen de su nombre, “AL AMBAR”, que en árabe significa aroma, olor.

Fue el material con el que se hicieron los primeros descubrimientos de la energía eléctrica, por su capacidad de acumular electricidad estática por simple frotamiento. “Electrón” es el nombre griego del ámbar.

Los etruscos, ya en el siglo VI antes de Cristo, guardaban en sus tumbas joyas de ámbar. Importaban ésta gema (y también lo hacían los griegos) desde el Mar Báltico, a miles de kilómetros de distancia, dando lugar a la “Amber Road” (el camino del ámbar) que fue una importante ruta comercial de la antigüedad, utilizada por los romanos para cambiar diversas mercancías por piezas de ámbar.

Los tradicionales yacimientos de ámbar, como hemos visto, están en el Baltico, existiendo un importante mercado en Polonia. Con este ámbar se construyó en 1717 la “Cámara de Ambar”, obsequiada al Zar Pedro el Grande y que, desmontada por los nazis en 1.941, ha desaparecido.

Pero existen también importantes yacimientos en la isla de Santo Domingo. Y en Alava han aparecido interesantísimos ejemplares (aunque no se comercializan).

Dado que cada uno de estos yacimientos, y muchos otros diseminados por todo el planeta, proceden de épocas y continentes distintos, con diferentes especies de vegetales y de animales, las piezas de ámbar constituyen un magnífico “documento” que permite avanzar en los conocimientos de paleozoología y paleobotánica.

Un buen ejemplo de la importancia del ámbar como material de estudio nos lo proporciona la fantasía de Steven Spielberg en su película “Parque Jurásico” y , que nos cuenta cómo de los mosquitos conservados en ámbar se extraen restos de sangre de dinosaurio, entre otros animales, con lo que se puede rehacer la cadena de su ADN y llegar a reproducirlos en laboratorios. Esta idea, al parecer, se queda en mera fantasía, porque el deterioro natural de la cadena de ADN sólo deja útiles ínfimos fragmentos.

Se dice que el ámbar tiene poderes curativos y que protege de las enfermedades del corazón. También se asegura que su contacto con  la piel produce “sensaciones positivas” que favorecen la relajación y la paz interior y que mitigan la ansiedad. Dar o recibir ámbar en un sueño predice una inesperada ganancia financiera o la recuperación de una pérdida. El ámbar es la piedra del sol.

 

 
       
   
 
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