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(Una piedra regia)
El Lapis-lázuli es una piedra noble de color azul intenso con un marcado tono añil. Su composición es la de una roca mixta compuesta por diferentes minerales, entre ellos la SODALITA y la LAZURITA que es la que proporciona el matiz cromático tan apreciado del lapis-lázuli. Es muy frecuente que contenga partículas de CALCITA, que asoman a la superficie como vetas blancas y, con mayor frecuencia todavía, de PIRITA, que por su color dorado parecen trocitos de oro brillante. Su peso específico es de 2,6 veces el del agua (muy parecido al del CUARZO), y su dureza, ente el 5 y el 6 en la escala de Mohs.
Se utiliza en joyería desde la más remota antigüedad, tanto en la India como en China, Egipto Grecia o Roma. A lo largo de los siglos siguió apreciándose sin decaer su valor. Encontramos su mención en “El Lapidario” de Alfonso X el Sabio, del siglo XIII (un bellísimo ejemplar se conserva en el Monasterio del Escorial), con el nombre de “Piedra Azul” describiéndola con más sentimiento estético que con rigor científico y resaltando su afinidad con el oro: “La más preciada es aquella en que aparecen venas o gotas de color oro. Ligera es de quebrantar y cuando la pone cerca de oro, o los mezclan en uno, parece cada uno más hermoso por sí”.
También se utiliza por los pintores como pigmento para la fabricación del “azul ultramar”. Fue una piedra muy apreciada en la corte de los Zares. Hay yacimientos de Lapis-lázuli, entre otros lugares, en Chile y en Afganistán, que es el de color más apreciado.
Se confunde frecuentemente con la SODALITA, de color azul marino, que es uno de los minerales que componen la roca del lapis-lázuli, pero que no tiene su tono añil. También hay que advertir la posibilidad de teñir ejemplares de color claro “subiéndoles” de color o incluso de teñir simplemente de azul diferentes minerales. Otro riesgo es el de confundir las piedras naturales con las sintéticas, producidas artificialmente, incluso añadiéndoles trocitos de PIRITA para asemejarlas a las naturales. Por todo ello es muy conveniente que al adquirir un ejemplar de lapis-lázuli se acuda a un profesional experto y de garantía para evitar desagradables sorpresas.
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